EL ECO Y JOY ESLAVA
“Dicen… dicen… pero tú no dices nada, de tanto callar… tu ya no dices nada”. Y quedé muda literal y figuradamente. Hay veces en las que es preferible callar a decir un puñado de idioteces, y hay veces en que es mejor dejar que el tópico, una imagen vale más que mil palabras, irrumpa como respuesta a la mudez. Por eso hice una foto desde arriba, porque ya sabía que no encontraría las palabras justas y precisas que figurasen lo que se siente a este lado del escenario.
No quiero hablar de lo que fue el concierto, porque es verdad que fue maravilloso para mí dejando a un lado tecnicismos, sonido, volúmenes y tiempos (casi me parto una cuerda vocal ☺, tanto viaje espacial que por poco llegamos a “los planetas” sin voz en mezcla… y a mi me gusta que se me oiga jajaja ya sabéis… el ego del cantante ☺). La Joy me dio la mejor noche de mi carrera profesional aportando a su vez a mi vida personal un porqué a tantos años de sacrificar la segunda por la primera. Todos los sabéis, me gusta hablar, soy andaluza… me gusta más que a un marranito un charco, y no, no estoy hecha pata tocar pendiente del reloj. Pero al margen de todo esto efectivamente fue la noche que llevaba diez años buscando a base de bien, de trabajar, de experimentar y ofrecer casi dos horas de canciones donde mi público encontrará su propio momento especial, en un viaje por las letras y melodías que sin duda han marcado mi carrera y las que ponen un punto de partida. Casi diez años después la patata me dio un vuelco, más de 1000 personas hablábamos el mismo idioma, un idioma que yo misma había escrito.
No había sorpresas. Sabía que la sala estaría llena. Te levantas cada mañana persiguiendo un sueño, despacito y con buena letra. Has colgado el cartel de “Entradas Agotadas”. Vas convencida de haber hecho un buen trabajo. Pero mi sueño no era llenar la Joy. Puedes comprar el pavo más grande del mundo y rellenarlo, pero lo difícil es que aunque sea gigante tenga el mismo sabor exquisito y delicado que el pequeño. No es una cuestión de llenar. Es una cuestión de quienes lo llenan. Y para esta chica que escribe canciones, lo mejor de la Joy no fue el lleno, sino la calidad del lleno. He ido a muchos conciertos donde 1000 personas molestaban más que motivaban. Vamos a un concierto con expectativas de disfrutar de uno directo de calidad… sólo deciros que a este lado del escenario también se diferencia y se disfruta de un público de calidad. Y eso fue lo que encontré en Joy. Un público entregado que coreó todas las canciones, las viejas glorias y las nuevas, “de pe a pa”. Y yo, que llevo tantos años esperando, trabajando y preparada para disfrutar del momento, quedé sobrecogida hasta el punto de no encontrar palabras. Y sigo sin encontrarlas porque aún quedan unas cuantas en concreto martilleándome el coco. Hoy se me dibuja una sonrisa y disfruto al reconocerme que no es el efecto del eco en mi cabeza. Sonaron mil “Serás”, mil “Tritúrelo”, mil “Grita”, “Mejor Mañana”, “Dicen”, “Vuelo 547”, “idiota”, “1906”, “Me encontrarás”, “El agua”, “Suicidio Compartido”, “De ti” y otras tantas que después de esa noche del 28 de Octubre de 2011 seguirán marcando el compás al que vivo. Gracias por tanto y tan bueno. Espero haberos dado 1906 razones para pensar que valió la pena, para volver a subiros en la próxima parada, para decirle a los demás que el vuelo fue el más feliz. Eternamente agradecida, a los que fuisteis testigos y a los que aguardáis la parada más cercana, a La Tita Rivera, Estrella Galicia, Orange, BlackBerry, Mercedes Benz, Batista Management y Sony Music por ser mecenas de este viaje por convicción y fe en lo que hago. Contar con todos vosotros, los que creéis en mí y me apoyáis, me da la autoconfianza necesaria para seguir haciendo música a pesar de los tiempos que corren. Tomamos tierra de nuevo en Valladolid, Salamanca y Toledo y estoy deseando volver a dar la bienvenida a bordo a todo el que quiera disfrutar de la vista, con o sin gafas.
Vega.


